La hermosa bruttezza

Umberto Eco, en su ensayo Historia de la fealdad, relata una anécdota sobre Leonardo Da Vinci. Cuando al artista le preguntan por qué haciendo figuras tan bellas tenía hijos tan feos, éste respondió que porque las pinturas las hacía de día y los hijos de noche. La nocturnidad posee ese matiz de lo horrendo, las sombras acogen a los monstruos y son aliadas del horror, todo lo siniestro parece acontecer durante la noche. No hay película de miedo que no ocurra bajo el dominio de las sombras, cuando el sol, principio de luminosidad, símil de belleza, se esconde y deja paso a la oscuridad, a lo desconocido. No puede haber belleza sin fealdad, porque las palabras adquieren significado por oposición, por su reverso. Ha de existir lo feo para apreciar la belleza y viceversa. ¿Pero qué es bello y qué es feo?
La fealdad existe en el arte desde siempre, la fealdad como esencia de lo espantoso, lo desmedido o cruel. El término italiano para definir fealdad es bruttezza, nosotros hablamos de brutalidad para referirnos a un hecho abominable, a un acto feo; las ménades adoraban a Dionisio, dios de los excesos, y el término puede traducirse como “las que desvarían”. Se decía que eran seres brutales, cegados por el alcohol y el deseo cruel, buscaban el goce sexual cerca del masoquismo, y tienen mucho que ver con el origen al teatro.
Es inevitable sentirnos atraídos por la fealdad, rechazamos la fealdad y al mismo tiempo nos vemos cautivados por su enigmática forma. Lo feo posee un magnetismo incontrolable que nos impele a mirar el cadáver de un animal en la cuneta, el rostro de una persona deformado en un accidente; nos repele la imagen atroz de la fealdad y, sin embargo, nos reconocemos excitados ante la visión de lo horrible.
Cada época ha tenido un canon de belleza que todos han querido imitar. ¿Pero qué convierte en canon una tendencia? Vivimos en una época donde la belleza está más próxima de lo horripilante que de lo hermoso. Las modelos cadavéricas, pasean sus pómulos y labios inflamados, contonean sus senos turgentes enfrentándolos al principio natural de la gravedad, caminan con unas piernecitas que parecen más bien palos de escoba articulados. ¿Qué tiene de bello el canon actual de la belleza? Para Rubens y sus coetáneos la belleza era oronda, curvada y rubicunda. Para algunos, lo que hoy es belleza nos parece atroz.
Todo esto, que a priori parece una disertación sin sentido, tiene mucho que ver con el transfondo que respira la obra de Sergi Belbel. En Soy fea, como en todas las obras bien construidas, existe siempre una doble lectura. Una primera lectura, sencilla y liviana, que produce el disfrute del espectador y una segunda lectura, que produce una comezón inquietante, de efecto retardado, que sirve para reflexionar a posteriori sobre la esencia del texto, sobre lo que quiere transmitirnos no sólo el autor, también la compañía que interpreta, de forma personal, la obra escrita.
Soy fea tiene esas dos lecturas, no se queda en la insulsa primera capa. Un buen texto en unas manos torpes puede destruir cualquier riqueza que contenga la obra; un buen texto en buenas manos, obtiene lo que aquí ha conseguido Rosa Carbonell, un espectáculo que roza la excelencia. Carbonell tiene las ideas muy claras de lo que quiere contar y cómo quiere contarlo, para ello, con pocos recursos, construye una escenografía sobria en el que los actores recuperan el estilo artificial de Brecht, incitando al espectador a entrar en el universo mágico de la representación. No es necesaria una sierra mecánica para que el público crea que el personaje lleva una. La clarividencia del teatro consiste en un código donde el espectador acepta como verdadero el artificio, la interpretación de un grupo de actores que entran y salen de los personajes pero permanecen en escena, en un lateral, donde además hay colocados dos percheros con el vestuario de todos los personajes que interpretan cuatro actores. Lo dice Francisco Nieva: “El teatro tiene que ser teatral. Es un engaño, una mentira que dice la verdad del mundo. No debe imitar la Naturaleza”; claro que esto lo dice un dramaturgo criado en las entrañas del teatro del absurdo y el de la crueldad de Artaud. Lo cruel, lo trágico, lo abominable, tratado con humor, con ironía y desparpajo convierte en llevadera la realidad más difícil.
El primer riesgo que corre la obra es dar el papel de la Fea a un actor. Esa apuesta es tan arriesgada que puede perjudicar el resultado final haciéndolo parecer frívolo o vulgar. El travestismo es acertado para el cabaret, para el teatro es un riesgo complicado. Sin embargo, guiado por la mano segura de Rosa Carbonell, Pablo López Martín consigue crear un magnífico personaje, creíble, sincero, honesto y falso. Esto no es nuevo, el teatro isabelino tenía prohibido actuar a mujeres y eran los hombres los que desempeñaban los papeles femeninos (aconsejo ver la cuidadosa película Belleza prohibida de Richard Eyre). Pablo López Martín es la Fea, no imagino un sustituto para este papel, construido con detalle y esmero, posiblemente la obra no hubiera sido igual sin ese personaje tan logrado.
Hay que destacar también el trabajo de Sergio Vega en el papel, entre otros, de Samuel Guash, un gilipollas encantador, personaje pagado de sí mismo, soberbio y vanidoso, que recrea, de manera acertada, a alguno de esos personajes mediáticos tan en boga, a cada espectador le vendrá un nombre detestable cuando vea en acción a Samuel Guash. Mireia Pascual resalta, especialmente, en el papel de Pina, la secretaria de Samuel Guash, ese momento hilarante en el que Guash dice que nos va a cantar un fragmento de su nuevo disco y canta la canción entera, mientras Pina le acompaña tocándole los crótalos. Magnífico. Como fantástica y divertida es la escena de cama en la que se acuestan los “amigos” de la Fea y ella en la misma cama. Tan divertido como el primer orgasmo de la Fea después de cometer un acto abominable.
David Mena mantiene el nivel de los otros actores, aunque en ocasiones sus personajes llegan a confundirse un poco, de todos modos, el personaje del periodista está muy bien confeccionado.
La obra, como hemos dicho, tiene momentos irónicos y otros en los que despierta la risa franca en el espectador. Es coherente, está muy bien interpretada, sabiendo de la complicación que supone interpretar todos los personajes con cuatro actores; la dirección es fresca, tiene soltura y una madurez convencida que bien merece una gira. Sería una lástima que se quedara en un estreno y poco más, aunque eso depende ya de terceros, programadores y circuitos.
Habría que perfilar alguna que otra cosa para hacerla redonda, quizás acercar un poco más el momento culminante, el primer asesinato (un poco de spoiler nunca viene mal); desde ese momento, que es una detonación dramática espectacular, un punto de giro importante en la motivación de la Fea, consigue que la obra fluya rítmicamente hacia el desenlace y quizás esté demasiado lejos. De ahí en adelante, la obra corre hacia el desatino, sin olvidar la trastienda de las ideas claras. ¿Y si hubiera que luchar contra lo bello para que la fealdad fuera, por fin, respetada? ¿Ha de acabar la Fea con todo lo bello, aunque el último acto suponga una agresión contra sí misma? ¿Aunque suponga un hecho terrible, doloroso? ¿Un acto execrable y feo? ¿Y si no es así, qué otra salida hay?

Soy fea de Sergi Belbel, Jordi Sánchez y Óscar Roig.
Dirección: Rosa Carbonell.
Reparto: Pablo López Martín, Sergio Vega, Mireia Pascual Vilaró, David Mena.
Fotos: José A. Díaz-Meco

7 comentarios:

Explorador dijo...

Apuntada, a ver si enciuentro por donde se va a mover y puedo intentar ir a verla. Lo del spoiler no vien mal, no, le da un poco más de interés, incluso, al saber que van a pasar cosas....emocionantes. Sin pasarse, claro está, pero el tuyo me ha gustado ;)

Un saludo.


Joaquín Blanes dijo...

Es una obra inteligente y muy divertida. Espero que los programadores se fijen en ella. En cuanto tengamos noticias de gira lo colocaremos en la agenda.
Saludos.


Ramón Simón dijo...

La frase de Fco. Nieva se puede, y es aplicable a todas las artes.

Saludos.

Un gran blog.
Aprendo de teatro con vds.
Recuerdos Rocío.


rous dijo...

Pues sí, ¡nosotros también esperamos que los programadores se fijen en ella! jejej, muchas gracias por la crítica, ¡recibireis noticias nuestras en breve!

Un abrazo fuerte de la directora y de toda esta gran familia de Feos, ¡hasta pronto!


Anónimo dijo...

La ví en el estreno y tuve que repetir al día siguiente. Me impactó encontrarme con un trabajo sobrio de auténticos profesionales y no de estudiantes, aún, de Arte Dramático. Coincido plenamente en que la obra no sería la misma sin la aportación de ese actor, Pablo López, haciendo de La Fea, aunque conociendo su trayectoria en la ESAD de Málaga sólo mantiene su enorme proyección personal y artística. Bravo Pablo. Enormes igualmente sus compañeros y la dirección. Yo os digo, no debe quedar en un estreno, bien merece un gira. Si Señor.


Anónimo dijo...

He conocido que el próximo día 8 de octubre se representa en Motril "Teatro Calderón de la Barca a las 20,30 horas. Para reservar, llamar al 958609759 o al 958838300 (información del Ayuntamiento de Motril)


Clarice Starling dijo...

La he visto hoy en Motril y ha sido una gran experiencia, el teatro ha temblado de risa y emoción durante toda la obra. Totalmente recomendable.


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